Los guantes mágicos

Orgánica o emocional
Los guantes mágicos. Argentina/Alemania/Francia/Holanda, 2003.
Dirección: Martí­n Rejtman.Intérpretes: Vicentico Fernández Capello, Valeria Bertuccelli, Fabián Arenillas, Susana Pampí­n, Cecilia Biagini, Diego Olivera y Leonardo Azamor.




Martín Rejtman fue la avanzada de un pequeño grupo (en una corta lista en que sin dudas se deben incluir a Adrián Caetano y Lucrecia Martel, sin olvidar al pionero Raúl Perrone) que renovó al cine argentino. Con solo dos películas como Rapado y Silvia Prieto definió todo un universo ausente en el cine nacional, donde la palabra tomaba una importancia decisiva a partir de un guión preciso, revelando un humor disparatado pero con un trasfondo de desamparo.

 

El diálogo entonces es nuevamente tomado como pieza clave en el armado de Los guantes mágicos. La película va desgranando su relato en la voz de los protagonistas, una circulación de parlamentos dichos en tono monocorde, como aprendido en algún lugar neurótico de la memoria y despachado sin reflexión en un presente inestable, lleno de incertezas. El artificio de los diálogos (trabajados casi hasta la obsesión) va trasladándose entre los personajes, una y otra vez los diagnósticos parecen buscar un cuerpo que los contenga -"orgánica o emocional" es la pregunta/gag que circula más insistentemente, tratando de determinar los porqué de la depresión-, la solidaridad automática a los problemas cotidianos de la clase media desbarrancada, no hace más que delimitar la neurosis a una devastadora soledad, que presupone una mayor, la incomunicación colectiva.

 

Una de las características más importantes en la obra de Rejtman es el fuera de campo, que en la filmografía del director funciona a través de los personajes; es en los pliegues de sus conflictuadas personalidades donde se intuye la vida fuera de lo que estamos viendo, como si Rejtman solo ofreciera las implosiones de baja intensidad, del perfil de sus criaturas, para que con esos elementos mínimos se complete la película. Es por esa razón que su cine exige, no es complaciente con el espectador de quienes requiere ver más allá de la superficie que se ve en la pantalla.

 

En este sentido es paradigmático el personaje de Alejandro (Vicentino) que se corre, es una isla más hermética de soledad en el esquema de este grupo que avanza hacia ninguna parte, cargando la soledad individual en conjunto. Alejandro se deja llevar (un personaje con varios puntos de contacto con la ternura alienada del Barry de Embriagado de amor, casi como en un estadio previo), su apatía se desvanece cuando está en peligro la supervivencia de su medio de vida, un viejo Renault 12 convertido en remise, ancla con el pasado más venturoso; también deja de lado el inmovilismo solo para ir a bailar a decadentes boliches ochentosos, otro fuerte y no abandonado nexo pretérito.

 

La anécdota de los guantes convertidos en símbolo de la salvación y el oportunismo del ser nacional es eso, solo una anécdota que le sirve a Rejtman para contar con precisión, afecto por sus personajes y una puesta tan milimétrica como austera, una maravillosa comedia agridulce. Los guantes mágicos es la película que afianza definitivamente a Martín Rejtman como uno de los pilares (sin adjetivos como "nuevo" o "viejo"), del cine argentino.



Hugo Fernando Sánchez


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