París Marsella

En construcción

Paris-Marsella. Argentina/Francia, 2005.
Dirección: Sebastián Martínez




La resignificación de un relato literario que pronto, desde el cine, se abre a lo imprevisto para trazar, ahí si, su propio camino.

"Si estamos perdidos entonces, tal vez, la autopista se está abriendo para nosotros" dice en voice over el realizador de este inusual documental. Sebastián Martínez junto con su esposa embarazada de dos meses recorre la autopista que va de París a Marsella emulando aquella expedición que Julio Cortázar y su esposa Carol Dunlop realizaran en 1982 con el fin de escribir Los autonautas en la cosmovía.
La idea de aquella primera expedición, que el escritor realizó, era recorrer la distancia existente entre ambas ciudades sin salir en ningún momento del perímetro de la autopista. La expedición -que realizada en un trayecto normal duraría solo 9 horas, mientras aquí se extiende a treinta y cinco días- se transformó en un magnífico libro de viaje, un libro en proceso (si el lícita la expresión). El discurrir del tiempo real y del espacio, también real impuesto por la autovía, culmina en la emergencia de otro tiempo y otro espacio, que podemos llamar imaginario, pero que es tan real como el forzado por el kilometraje. Por ello Cortázar hablaba de dos autopistas paralelas, en donde necesariamente una se encuentra anclada en la otra.
Ahora bien, el film, que como señala su realizador desde el comienzo, quiere ceñirse al trayecto de Cortázar, debe entonces enfrentarse a un doble desafío si se quiere. Es decir, podríamos hablar aquí de tres caminos paralelos que se encuentran indisolublemente ligados para la realización del film: el camino de la autopista que va de París a Marsella, el trayecto realizado por Cortázar y su esposa en aquella, y la expedición de estos realizadores argentinos que pretenden seguir las huellas de aquel otro matrimonio. Pero en París-Marseille la travesía encuentra su forma de expresión en la imagen, es decir, ya no en la literatura sino en el cine.
Por ello este documental se encuentra muy lejos de algo que podemos calificar como adaptación o transposición de la literatura al cine, puesto que el film, al igual que el texto originario, es un producto en permanente construcción, una travesía plagada de espacios en blanco y silencios esperando ser cargados de sentido. Un film lanzado al desafío no solo de lo inconcluso o del hacerse en el acto, sino que además, se trata de un film anclado en la propia experiencia, que como tal es intransferible. De esta manera resulta imposible la similitud de ambos viajes puesto que la experiencia de Cortázar no es transferible a otro como tampoco la de Martínez. De ahí la desazón del personaje cuando debe transgredir las pautas de Los autonautas en la cosmovía y hacer noche fuera de la autovía. Acertada decisión estética tomada por el realizador al dejar el cuadro en negro al producirse este hecho.
Si la experiencia es intransferible, aunque en ambas travesías sucedan cosas similares necesariamente las sorpresas serán diferentes.
Un film desaliñado, honesto y tal vez necesario -o deseado-. Tal vez el cine debe ir de vez en cuando al encuentro de lo inesperado.

Paris Marsella se puede ver todos los sábados y domingos a las 17 en el MALBA (Figueroa Alcorta 3415).

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Silvina Rival


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