En un documental narrado en primera persona, reconstruyendo la figura de un padre ausente, la realizadora María Inés Roqué expone su historia personal para reflexionar sobre la identidad.
"Es muy mío y con mi papá, es como si no se lo pudiera decir a nadie" dice María Inés Roqué, hija de un dirigente montonero muerto, en Papá Iván, la película documental que dirige. Como tantos realizadores de las generaciones post-70, que inician el derrotero de escarbar en la historia reciente para entender(se), en este caso con un padre que formó parte de la lucha armada y que ya no está, la directora parece decir que las preguntas que vienen del pasado solo pueden ser contestadas a través de la exposición pública de su búsqueda, en donde el arte es el único mediador posible. Al abordar Papá Iván inevitablemente se debe hacer referencia a Entrevista a Albertina Carri. Es que ambas películas tienen como eje la memoria, la ausencia. Pero mientras Carri hace una operación de espejos ubicando a una actriz interpretando a la propia directora, en donde la ficción y el documental no tienen una frontera clara, en donde la distancia no hace más que acercar la dolorosa reflexión sobre la pérdida, en Papá Iván el relato en off de la hija-directora, los testimonios de los compañeros del mítico guerrillero tienen el tono más convencional y a la vez, visceral. En Papá Iván María Inés Roqué muestra la última carta que el comandante montonero Juan Julio Roqué (Iván y Lino eran sus alias de guerra) les escribió a sus hijos, recurre a las fotografías familiares, exhuma grabaciones, entrevista a Azucena Rodríguez (su madre), que aún dolida le cuenta cómo llegó la separación, le cuenta de la última compañera de su padre, Gabriela. Con estos materiales trata de explicar y de explicarse los porqué de un padre que ubico a sus ideales por sobre lo que una hija le reclama, la presencia, los momentos no compartidos, una historia en común. Pero entender las decisiones del padre implica inevitablemente entender el contexto, los difíciles setenta. En ese camino la película no juzga, trata de entender; deja que desde los testimonios se recree el lenguaje de los militantes de la época ("quebrado","citas", etc.), que los que conocieron a Juan lo describan, y hasta se enfrenta al miserable -justamente, un "quebrado"- que lo vendió a un grupo de tareas. Toda la película es un ejercicio de reconstrucción, de una hija que creció sin el papá. En un momento la voz de la directora expresa, "La mirada de tus padres te confirma, te hace, te construye", una frase que convive en el film con otra, extractada de la última carta del papá que dice: "Libres o muertos, jamás esclavos". En suma Papá Iván trata de conciliar ambas reflexiones.