Apuntes para una biografía imaginaria

Decontruyéndose
Edgardo Cozarinsky presenta en la Fundación Proa su último trabajo, un relato experimental en donde el realizador utiliza materiales de otros films –suyos y ajenos- para trazar un reflexivo recorrido sobre su propia historia.




Probablemente Edgardo Cozarinsky es el más inquieto de los intelectuales argentinos contemporáneos. Director de cine, crítico, novelista, ensayista, polemista, bon vivant, tanguero, lo que se dice un personaje cosmopolita del que nunca se sabe cual será su próximo paso. Y Cozarinsky presenta en PROA, allá en el barrio de la Boca, al costado de Caminito, su última película, Apuntes para una biografía imaginaria.

Aunque no se sea un concepto que le guste demasiado, cuando se lo consulta sobre la película admite que es un trabajo experimental. Que su hábitat natural es el de la sala de un museo o el Bafici, a donde la mostró este años.

 

El film está separado por capítulos, algunos se conectan entre sí y otros son piezas delicadas de construcción artesanal. Por un lado la película sigue toda una tendencia que es la recuperación de materiales ya utilizados para darles otro sentido, y por otro sirve como una especie de bitácora personal de Cozarinsky. En la edición de algunos momentos, el director usó algunas partes de películas suyas como  La guerra de un solo hombre (1982), Boulevards del crepúsculo (1992) y El violín de Rothschild (1996), en otros directamente tomó por asalto algunos archivos y también hizo uso de algunas películas de su propiedad. De esta manera logra momentos de gran belleza, como el que le dedica a Borges o el instante en que se lo ve a Paul Bowles paseando por Tánger. También aparecen otros personajes de memoria menos feliz pero que curiosamente son personajes laterales de historias improbables, como la de la actriz que tuvo la posibilidad de triunfar en Hollywood pero se la ve en la plaza Roja de Moscu escuchando un discurso de Stalin o el día de campo que remata con la presencia del mismísimo Adolf Hitler, para alegría de los jóvenes camisas pardas que aparecen en pantalla.

 

En el medio de todo eso hay un estudio de las emociones de un grupo de actores que se someten a la cámara de Cozarinsky, que les hace un plano único y luminoso mientras escuchan la música que Ulises Conti escribió especialmente para esta película y que es bien complejo de explicar. Son momentos de una  intensidad que pone al espectador entre el agobio y el éxtasis. Un desfile extraño, apasionante y único como solo un artista mayor puede ofrecer.

 

Apuntes para una biografía imaginaria se proyecta los sábados a las 19 en PROA. Si se hacen tiempo, además se pueden dar una vuelta por Caminito, ver atardecer en el río y darse una vuelta por la Bombonera.

 

22/07/10



Jorge Bernárdez


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