Por Silvina Rival
Para los amantes del cine un festival siempre es recibido como una suerte de celebración ante la posibilidad de confrontarnos con material que, de otra manera, nos resultaría inaccesible. Por suerte la aparición de estas muestras, que generalmente sobrepasan la mera exhibición de films -ya que suelen venir de la mano de seminarios, mesas redondas además de la posibilidad de entablar un diálogo con los realizadores-, han ido confirmando su continuidad a lo largo de los últimos diez años. Sin duda, parte de esta aparición se deba a un cambio de perspectiva respecto de las industrias culturales; recordemos la aparición del Bafici, Festival Internacional de Derechos Humanos (hoy ya sin permanencia), Marfici, Pantalla Pinamar, Diversa, etc. Pero más allá de las causas que motivan su existencia, la realidad es que aquí están estos festivales a la espera de un fructífero encuentro con un público deseoso de ser saciado. DocBsAs forma parte de esta emergencia -y permanencia, ya que es su séptima edición- por ver un cine a contrapelo del circuito de exhibición comercial, pero con un agregado que, a mi entender, lo ubica como una muestra privilegiada. DocBsAs, además de ser un espacio de exhibición de films, es una muestra que se compromete con la promoción de la producción documental. De esta manera, se realiza en forma simultánea un foro latinoamericano de cine documental con el objetivo de recibir proyectos de diversas nacionalidades con la promesa de ser emprendimientos cuya realización es viable. Por ello, de los ochenta proyectos presentados, fueron seleccionados catorce, los cuales compiten por diversos premios -la mayoría de ellos trata de dinero en efectivo-, que las instituciones que apoyan la muestra, otorgan (INCAA, Arte France, Jan Vrijman Fund, Escuela Documental Observatorio de Cine, Kodak-Cinecolor, entre otras).
Pero hay otro motivo que permite pensar a DocBsAs como una muestra privilegiada. Su tema es el documental, un género que siempre ha funcionado como un espacio de resistencia frente a la vorágine ficcional. Un modo de representación que permanentemente ha ido socavando su misma constitución en tanto “género”, abriendo así una reflexión respecto de su estatuto, su “diferencia” (en relación a las narrativas de ficción) y, fundamentalmente, alentando a una cavilación respecto del estado del mundo. Porque más allá de todas las divergencias que podemos encontrar entre un documental y otro, hay una pasión que los hermana y es su amor por el referente. Ese algo que se encuentra allí y que indefectiblemente la cámara intentará convertir en imagen.
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El cine y la muerte El cine y el viento y la fotografía
Pero también hay que señalar que el documental ha puesto en crisis, en los últimos años, a su objeto. De allí seguramente la circulación de lo que la crítica local dio en llamar “documental subjetivo” en referencia a cierta producción que hace un tiempo está en vigencia (Los rubios, Papá Iván, La Televisión y yo, M, Fotografías son algunos ejemplos). Ahora bien, la posibilidad de confrontarnos con material de otras nacionalidades nos da en principio la posibilidad de leer esta producción local desde una perspectiva más amplia y como síntoma de otros cambios que el documental pone de relieve. Y esta es una de las cuestiones que algunos documentales de DocBsAs van a plantear. ¿Cuál es el objeto del documental? ¿Qué aspecto del mundo le interesa registrar? Y eventualmente ¿qué forma parte de la “realidad” y qué está excluido de ella? Evidentemente una de las cuestiones que estos documentales propugnan es que las reflexiones y dubitaciones de quien tiene a su cargo las imágenes, forman parte de ese registro e incluso de esa realidad que está ahí en vías de ser comunicada, pero también interpretada por alguien. Por ello emerge un rasgo, en el material que DocBsAs ha seleccionado, y es que la realidad no solo está compuesta por objetos ajenos a mi sino que el imaginario, las ideas, la manera en que conceptualizamos nuestra identidad por ejemplo, son parte de lo real, y por tanto, dignos de ser registrados por un documental.
Tal vez uno de los realizadores más prominentes que conforman esta muestra, y que mejor ejemplifican lo dicho, sea Harmut Bitomsky, cineasta alemán del cual se presenta una retrospectiva. En El cine y la muerte (1988) es donde mejor se pone en crisis cuál es o debería ser el tema de un documental. ¿Hay algo más paradójico que un documental sobre la ficción? Bitomsky, a través de diversas ficciones que produjo la historia del cine, analiza la forma de representación de la muerte y, así, transforma ese fantasma (la muerte) que está presente en el imaginario, en algo digno de ser documentalizado. El cine y el viento y la fotografía (1991), plantea cierta continuidad de reflexión, puesto que sigue indagando sobre la cuestión de la representación. Estableciendo encuentros y divergencias entre las imágenes (cine, video, fotografía) el film explora la condición misma del documental permitiéndole esbozar al cineasta de qué manera asume al cine. Algo similar sucede con Imágenes de Alemania (1983) en donde el archivo mismo se convierte en el objeto de búsqueda. A Bitomsky no le interesa aquello que está detrás de las imágenes de archivo, no es la Nación sino la imagen que de ella construyen las imágenes, como bien señala el título del film, lo que indaga. De igual manera, en La UFA (1982) la mirada está puesta en los vínculos que un Estado (nazi) entabla con las imágenes que colaboran en su constitución (las que crean los estudios UFA). Y otras de las cuestiones que Bitomsky logra ejemplarmente es la construcción de un discurso que trascienda la mera observación o la mera enumeración de sucesos sociopolíticos. Es decir, hacer hablar a los objetos de otra manera para develar otro perfil sobre lo familiar. Esto sucede tanto en Autopistas del Reich (1986), El complejo Volkswagen (1989) e incluso en B-52 (2001). ¿Qué más puede filmar Bitomsky, cuál es el límite del documental? Con Polvo (2007) su último film presentado en el Festival de Venecia, el cineasta da cuenta de que ese límite se ha corrido para el documental puesto que como él mismo señala “el polvo es el sujeto más pequeño sobre el cual pueda tratar un film”.
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Imágenes de Alemania Autopistas del Reich
Como correlato de todo lo planteado por el realizador alemán, la totalidad de los films de la sección “Proyecciones especiales”, también dan cuenta de los corrimientos que el documental está manifestando respecto de su tema de estudio. Aquí una vez más, las imágenes, el archivo o la ficción en general se esgrimen en el tema central. El film del italiano Claudio Paciencia es una profunda y metafísica reflexión sobre lo que constituye una imagen, qué es filmar y qué es lo que mueve el impulso por el registro. Escenas de la caza del jabalí (2007) entabla un diálogo con las imágenes, las interroga (“nombra eso que tu imagen enmudece”), las increpa (“sal de esas imágenes”) para así poder manifestar una idea sobre el cine. El paralelismo que Paziencia encuentra entre la muerte (la caza) y la imagen (el registro) no es caprichosa, puesto que le da a la imagen la importancia de ser entendida como aquello que produce una memoria del olvido. “Recordamos lo que hemos olvidado” repite uno de los testigos/protagonistas, y esto es gracias a la imagen. La pulsión por el filmar está asociada con el tocar, paradójico si pensamos que el tacto no es un sentido que intervenga en el cine. Filmar/tocar puede producir una aparición: aquello que está allí finalmente se muestra, y así la imagen es una manera de inventar una palabra puesto que cada cosa es única. Pero también el filmar es una forma de dar muerte ya que el cine siempre nos muestra algo que ya no está más. De ahí la confrontación entre el rifle del cazador y la pistola mágica (zootropo) nacida con el fin de saber más sobre el movimiento animal.
Por su lado, el film de la realizadora Ayreen Anastas, Pasolini Pa Palestine (2005) toma como disparador inicial la existencia de otro film Buscando locaciones en Palestina para El evangelio según San Mateo (1963) de Pier Paolo Pasolini. Siguiendo el mismo itinerario, el film va desglosando por el recorrido otros intereses y así va tomando elecciones que se apartan del guión original y que lo exhiben como un work in progress. Pero el verdadero tema termina siendo la confrontación entre la modernidad y el mundo árabe arcaico o, en todo caso, entre una Palestina moderna y una Palestina producto del imaginario (la de Pasolini, pero también la de Zeffirelli en Jesús de Nazareth o la de los maestros de la Edad Media y del Clasicismo). La realizadora se interroga en el transcurso del film y plantea: “obviamente vine aquí a filmar, pero a filmar qué? No un documental… Vine a filmar notas para un film sobre el Cristo de una Palestina moderna”. Así el film mismo complejiza su estatuto como film acabado proponiéndose como borrador, al igual que aquel de Pasolini. Entonces se trata de un film sobre un film que aún no se ha hecho.
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Escenas de la caza del jabalí Pasolini Pa Palestine
Finalmente esta sección se completa con tres films vinculantes. Se trata de Yo Pierre Rivière, habiendo asesinado a mi madre, mi hermana y mi hermano (1975). Un film ficcional del realizador Pierre Allió que se basó en la documentación sobre el caso real de un triple homicidio, que Michel Foucault compilara en 1973 gracias a las memorias que Rivière dejara una vez preso. Allió eligió para su elenco, actores amateurs de la zona (ubicada en las cercanías del lugar real del crimen). El film que por sí solo no tendría sentido ser exhibido en el marco de un festival de documentales, es acompañado por otros dos films. Regreso a Normandía (2007) de Nicolas Philibert, quien fuera asistente de producción del film de Allió (de allí, en parte el título del film) y A propósito de Pierre Rivière (1975) de Pascal Kané. Mientras que Kané se interesa más por entablar un diálogo con un film en función a las decisiones relativas a la puesta en escena y las posibles huellas del filósofo en el film original, a Philibert le interesa más los rodeos necesarios que toda forma de documentar afronta. Regreso a Normandía manifiesta indirectamente que todo intento de acercarnos a un original es dificultoso e imposible en parte. Para acceder a Rivière hay que pasar por Allió, quien a su vez necesitó a Foucault, quien a su vez necesito de las memorias del criminal. El crimen y la comprensión del mismo es inaccesible. Por ello, Philibert filma crudamente la ejecución de un chancho (tema coincidente al de Escenas de la caza del jabalí) y su completa disección. Las imágenes, incluso las “documentales”, necesitan de varias capas de ficción para acceder a lo real, y ni en tal caso, es posible plasmar lo sucedido verdaderamente. Lo documentado siempre es una mediación.
Siguiendo la misma tendencia por desconceptualizar lo entendido por documental, se ofrece una retrospectiva del trabajo de Stéphane Breton quien invita a repensar el documental etnográfico proponiendo otro espacio para el documentalista. Así en El mundo exterior (2007) intenta establecer una nueva mirada sobre el mundo circundante, una especie de ostrononie como la llamarían los formalistas rusos, o extrañamiento sobre lo familiar. Reinventar una mirada que despoje a los objetos de su familiaridad con el fin de encontrarnos con un costado no observado. Pero también resalta el encuentro entre miradas, desafiando la tradicional distancia entre el documentalista y el documentado, por ejemplo en Ellos y yo (2001), El cielo en un jardín (2003) y Verano silencioso (2005).
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Regreso a Normandía / Hic rosa división botánica
Finalmente, otro de los grandes referentes del documental contemporáneo es el español Ricardo Iscar, del cual se verán cinco producciones (A orilla del río, El diario de Manuel Ángel, Badu, La punta del Moral, El cerco). Además el realizador estará presente en el transcurso del festival (al igual que Harmut Bitomsky, Patricio Henríquez de Chile y los argentinos Pablo Reyero y Fabián Fattore) para dialogar con el público después de las funciones. Como dato para agendar el día miércoles 24 dará una clase abierta y gratuita, conjuntamente con Jean Perret (director de Visions du Réel, Nyon, Suiza) en la Alianza Francesa (Córdoba 936).
La exhibición se completa con tres producciones de los alumnos del Observatorio del Cine (España), una sección a cargo de Jean Pierre Rehm, director del Festival Internacional de Documental de Marsella, en la cual se verá la extensa Crónica de una mujer china (2007) de Wang Bing, La cena, un mediometraje de Andy Guérif que reflexiona, una vez más, sobre la condición de la imagen, Hic rosa división botánica (2006) de Anne-Marie Faux, Los archivos de la media luna (2007) de Philip Scheffner y finalmente el brevísimo corto tailandés Himno (2006) que provoca fuertemente el tema sobre la inclusión o exclusión de lo que merece ser llamado documental. A esto se agregan dos films del festival de Nyon. Uno de ellos, Lucía y ahora (2007) toma como disparador, al igual que Pasolini Pa Palestine, el camino que Julio Cortázar y su esposa habían recorrido para la elaboración de Los autonautas en la conmovía. Misma idea del film local ParÃs Marsella de Sebastián Martínez estrenado este año.
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Ángeles caídos Regreso a Fortín Olmos
Otra sección, “Festival de festivales” incluye importantes producciones que han recorrido varios festivales. Entre estos films está Vers Mathilde (2004) de la aclamada Claire Denis quien entabla un diálogo con la coreógrafa Mathilde Monnier. Representando a Argentina se podrán ver Línea sur (2007) de Fabián Fattore, Ángeles caídos (2007) de Pablo Reyero (director del documental Darsena sur y del más reciente film ficcional La cruz del sur), Regreso a Fortín Olmos (2007) de Jorge Goldenberg y Patricio Coll (director de Cicatrices), La imagen final (2007) de Andrés Habegger, más conocido por Historias cotidianas.
DocBsAs es un festival que promete calidad. Es la posibilidad de confrontar nuestras producciones con la producción internacional, habilitando así eventualmente el vislumbrar coincidencias y divergencias en una modalidad de representación -documental- que parece ir ganando poco a poco terreno. Esta muestra exhibe que el gesto por documentar puede ser una instancia plagada de pasión y fuerza.
Latinoamérica
Además de ofrecer la posibilidad de asomarse a cinematografías lejanas, el DocBsAs acerca a estas playas películas que geográficamente están ahí, bien cerca, pero a los efectos prácticos a años luz de la cartelera local. Entonces aquí van las reseñas de dos films que difícilmente se vean por estos lados.
Por Guadi Calvo
Alfaro Vive Carajo, del sueño al caos. Isabel Dávalos. Ecuador, 2006.
El grupo ecuatoriano Alfaro Vive Carajo, fue quizá el último foco guerrillero en instalarse en el continente a partir del éxito de la Revolución Cubana. Si bien en 1983, año de su creación, todavía estaban en pleno desarrollos los procesos revolucionaros de Guatemala, el Salvador, Perú y Colombia; en Nicaragua el Sandinismo, en el gobierno, debía resistir los embates de la reacción contra revolucionaria que llegaba desde Honduras, alentado por Reegan y el resto de las organizaciones armadas de Argentina, Bolivia, Brasi,l Uruguay y Venezuela ya habían sido doblegadas o estaban en vías de serlo, es extraño este tardío brote guerrillero.
Los motivos de su conformación, su campaña y trágico final es lo que intenta rescatar Isabel Dávalos en el documental Alfaro Vive Carajo, del sueño al caos.
En un perfecto orden cronológico, claro y didáctico, con algunas pinceladas autorreferenciales, la directora conjuga en un buen tiempo narrativo imágenes de archivo y entrevistas a los sobrevivientes de aquella iniciativa, que como casi todas terminaron en un esperable baño de sangre.
Como antecedentes Dávalos, nos presenta el sospecho accidente aéreo en que murió, el joven y progresista presidente ecuatoriano Jaime Roldos, a los veintiún meses de haber asumido. Con su muerte Ecuador quedará en zonas de turbulencias donde hay espacios para olvidar las promesa del presidente muerto, y continuar por los convencionales caminos de siempre.
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Es allí que imbuidos por el triunfo del Sandinismo y acompañados por los éxitos circunstanciales de las diferentes organizaciones guerrilleras colombianas (ELN, FARC) y particularmente el M19, que influirá de manera decisiva en la organización con cuadros, entrenamiento y suministros y la guerra de devastación que llevaba en Perú, la guerrilla etno-marxista Sendero Luminoso; jóvenes estudiantes con poco y nada preparación militar y política se lanzan tardíamente a la gran aventura.
Evocando el nombre de otro mártir de la historia ecuatoriana el ex presidente liberal Eloy Alfaro Delgado, asesinado en 1912. Los alfaristas como distintivo darán su primer golpe justamente apoderándose de las espadas del Alfaro que descansaban en el Museo Nacional. Todo un gesto y toda una definición que no será perdonado. Las entrevistas al ex presidente León Febres Cordero, mano ejecutora de los asesinatos y desapariciones de los alfaristas, son un documento de extraordinaria riqueza histórica.
Si bien el documental no ahonda en lo político y presenta a AVC como un ente separado del resto de la problemática ecuatoriana, hay que reconocer, que la directora toma partido y esos gestos de coraje se agradecen.
Calle Santa Fe. Carmen Castillo. Chile, 2006.
El cinco de octubre de 1974 muere, en desigual combate, el secretario general del Movimiento de Izquierda Revolucionaria de Chile (MIR) Miguel Enríquez, enfrentado a esbirros de Pinochet, que lo habían cercado en su refugio de la calle Santa Fe 725 en la comuna de San Miguel, una barrida clase media de los alrededores de Santiago. Junto a él, cae herida su compañera, Carmen Castillo, quien queda inconsciente en el interior de la casa. Esta mujer, luego de reponerse de las heridas y la pérdida del embarazo consigue salir de Chile rumbo a un prolongado exilio.
Treinta y dos años después, Castillo reconstruye, o intenta reconstruir lo que representó el golpe del 11 de Septiembre de 1973 y el quiebre en la sociedad chilena, quién después veintisiete años de recuperada la democracia, descubre que aún son insondables sus consecuencias.
Cuando un hombre muere en pos de sus convicciones queda todo fuera de discusión y sin duda se convierte en ejemplo. Esto es lo que hoy representa Miguel Enríquez, un ejemplo de consecuencia, valentía y ética.
Treinta y dos años de historia quizás sean demasiados para comprimirlos en una película, más cuando los protagonistas son millones, los muertos miles. Quizá sea esa situación que la directora del documental Calle Santa Fe, no ha tenido en cuenta y más allá de su buena intención convierte el film en un mamotreto a veces intransitable.
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De buenas intenciones esta empedrado un camino a no sé bien donde, pero seguro que no al buen cine. Carmen Castillo reduce los millones de sufrimiento al suyo, aunque comparte con amigas, familiares, ex compañeros un agobiante carrusel de personajes que se despliegan inconexos y atemporales, dejado para el espectado la obligación de armar su plato como en un tenedor libre.
Su omnímoda presencia y su voz meliflua, irrita y nos impide atender a los relatos y recuerdos de las víctimas de la barbarie.
El film en su largo y confuso derrotero encuentra dos joyas que la directora no termina de pulir para exhibirla en todo su esplendor y encarnadura el demoledor relato, se debería decir la demoledora presencia de Luisa, madre de tres víctimas de la represión en los años 83 y 85, quien con una mueca de dolor inextinguible y una dignidad imposible de adjetivar, nos cuenta casi con dulzura la perdida de sus hijos y la vuelta de su propia muerte después de aquello.
Junto a los apasionantes y apasionados relatos de dos mujeres que enfrentaron a la dictadura cara a cara en las calles de sus barriadas, se convierte en el momento más importante del film, sin foros internacionales, sin diplomáticos de por medio, sin largas caminatas por París o Estocolmo, estas mujeres apenas señaladas en Calle Santa Fe, salieron a las calles para decirle al régimen que había un Chile que resistía en sus narices, entregando sus vidas y las de sus familias. La presencia de las verdaderas mujeres, sin glamour, mujeres de todos los días, las mujeres indispensables para Chile.
Queda en Calle Santa Fe, también el relato de militantes ideológicamente preparados intelectualmente actos para combatir y resistir, pero quizás en los ojos de Luisa se resuma no la solo la historia de Chile sino la del dolor humano. Quizá solo esos ojos queden cuando toda la hojarasca de Calle Santa Fe la barra el viento.
El lado oscuro de la Dama Blanca. Chile/Canadá, 2006.
La Esmeralda es el buque escuela y niña mimada de la Armada Chilena, desde 1953 sirve como distintivo de la presencia chilena en los puertos del mundo. Conocida como la Dama Blanca, fue orgullo de los chilenos y particularmente de los porteños de Valparaíso, puerto base de la nave.
El 11 de septiembre de 1973, el día del derrocamiento del presidente Salvador Allende, es encarcelada y torturada en la hasta entonces orgullosa nave, un número indeterminados de personas.
Este es el material de investigación, donde la delicada cámara de Patricio Enríquez, indaga en búsqueda de los sobrevivientes y testigos.
Enríquez tiene una bastísima experiencia como documentalista, con títulos en su haber como El último combate de Salvador Allende (1999), Juchitán de las locas (2002), Desobediencia (2006). Aquí se vale de las entrevistas a las víctimas, a los familiares, y hasta a los represores responsables de esos hechos, en donde el director chileno logra testimonios de inusitada franqueza.
Hace palpable el esfuerzo de los primeros en instalar en Valparaíso, en Chile y el mundo una verdad que solo corría de boca a boca y siempre era difícil de constatar, y como todavía hoy son repudiados en todos los estamentos, cuando presenta sus denuncias.
La cámara de Enríquez sigue firme aún frente a la descarada actitud de los jerarcas de la Marina, que niegan, o diluyen en parrafadas seudo democráticas los crímenes impunes desde hace treinta y cuatro años, diecisiete de ellos en estado de derecho. Un estado de derecho formal con muy poco ánimo de mirar el pasado.
Enríquez junto a sus documentales, al igual que Patricio Guzmán con los suyos, son los realizadores chilenos, que más hacen y más luchan por la verdad y la justicia que todavía no atraca en Chile.