M

Sobre la promesa y el destino
M. Argentina, 2007.
Dirección: Nicolás Prividera
Documental




M es un film maravilloso que se abisma sobre el espectador, que lo interpela claramente con una madurez que no es para nada usual en este tipo de documentales personales. Y desde ahí el director Nicolás Prividera desplaza el "yo" de su historia particular para abarcar el audaz "nosotros" de una construcción social que aún esta por verse.

A comienzos de los noventa emerge una modalidad cinematográfica que paulatinamente se convertiría en una forma dominante en el ámbito del documental. Se trata de aquello que se ha dado en llamar documental personal o subjetivo, en donde muchas veces el cuerpo del documentalista ingresa en la imagen para, desde ahí, hilar un relato, y en donde muchas veces el mismo se transforma en una instancia "en construcción". Esta modalidad ha decantado, aunque no exclusivamente, en historias en las que se juega el sentido de la identidad. Nos referimos a los documentales narrados por hijos de desaparecidos en los que, una de las primeras consignas que se juegan, es justamente el lugar desde el cual se narra. Al intentar recrear las figuras ausentes de los padres y la reconstrucción de una relación filial posible, los films parecen quedar hermanados por el mismo espíritu de orfandad, la necesidad de adentrarse en la memoria y por el mismo impulso por reinventar un yo desde el cual generar un discurso sobre lo vivido. A pesar de los muchos puntos en común que estos films presentan (Papá Iván, Los rubios, (h) Historias cotidianas, H.I.J.O.S., el alma en dos-aunque estos dos últimos no sean narrados en primera persona-), hay ciertas bifurcaciones que los alejan. Lo cual es esperable en una historia en la cual la experiencia parece ser lo que da cauce a cada uno de estos relatos. En este caso, la experiencia que da pie al proyecto sería esta: Nicolás Prividera, director de M, realiza un film sobre la desaparición unos días después del golpe militar del 24 de marzo de 1976 de su madre Marta Sierra (una bióloga del INTA) . Pero el "tema" real de M no es tan sencillo.
Ahora bien, M, de Nicolás Prividera, es un film que, en principio, entra dentro del corpus mencionado; particularmente podría establecerse cierta afinidad con Los rubios de Entrevista a Albertina Carri (inevitable es la comparación). En principio, y solamente en principio, ya que como veremos, aunque comparten ciertas estrategias narrativas similares, sus caminos parecen conducir a metas disímiles. Efectivamente el destino de M no es el de Los rubios.
Interesante, pensando en los destinos y las promesas que toda imagen trae, apelar a otros films. Una de las tantas citas que expone M, es una escena de la ópera prima de Orson Welles, El ciudadano. La cámara se abisma al alambrado -los cercos van a funcionar dentro de M como un lei motiv visual- de la gran mansión del millonario, Xanadu, en donde la bruma deja entrever una clara señal: "No traspassing". Con este gesto, Prividera asienta una paradójica certidumbre, si tomamos en cuenta que M es un film que se abre camino por senderos inciertos y además que se topa más con ambigüedades que con clarificaciones. La inclusión de esta emblemática imagen funciona como un operador discursivo en más de un nivel. En primera instancia, Prividera afirma, a través de la inclusión, que M -y "m"- es una figura a construir, al igual que el individuo Kane. No meramente que ambos films pueden ser pensados en términos de rompecabezas, sino que las figuras que se juegan en esos films son personajes destinados a constituirse como ausencias. Ya desde los créditos, al igual que en el afiche, se exhibe la letra "m" como una pequeña pieza de un conjunto mayor que, al igual que cualquier rompecabezas, contiene una promesa: el de constituir, junto con otras partes, cuyo paradero desconocemos, una totalidad. ¿Acaso un rompecabezas no contiene el compromiso de ofrecer una imagen a quien está trabajando en ella? Ahora bien, podemos pensar que esta promesa de plenitud, de imagen unívoca, al confrontarse con el cerco de Xanadu, se desvanece. Hay una promesa que sabemos incumplida de antemano. Como veremos ese incumplimiento es compensado por Prividera con otro compromiso. Es más el film puede ser pensado como un gesto ético, una deuda social. Pero no nos adelantemos.
"M" es un pequeño fragmento de Marta, de Madre, de Montonera. La inicial puede ser la pieza de alguna de ellas o de todas a la vez. Los testimonios, imágenes en super 8, fotografías, los carteles que se intercalan en el transcurso de la narración, e incluso aquello que Prividera verbaliza o interroga, hacen emerger una u otra de estas figuras, pero esta imagen siempre será parcial y el cineasta lo sabe. O por lo menos podemos pensar que lo sospecha al comienzo y en el transcurso lo ratifica. Es más, este vaivén de incertidumbres y certezas se hace eco en la organización del film.

Estructurada en tres partes -"El fin de los principios", "Los restos de la historias", "El retorno de lo reprimido", a lo cual se agrega hacia el final "Epílogos"-, el film da cuenta de ciertos giros de Prividera frente a la figura de la ausencia. Aquí vale hacer una salvedad. Prividera trabaja no tanto la ausencia de la figura de la madre desaparecida, sino más bien la figura de una ausencia, que como tal es un blanco o cuando menos una incógnita. Además, implica una actitud frente a la misma que excede -aunque se origine aquí- lo meramente personal ya que bucea en ese espacio en blanco que, por otro lado, nos involucra a todos. Esto es así puesto que la figura de esa ausencia abarca lo social e histórico. Por ello el film, en su primera parte, "El fin de los principios", trabaja, aún, con la promesa de ese posible armado del rompecabezas. Prividera, con un estilo un tanto detectivesco, va hurgando información en distintos organismos gubernamentales y no gubernamentales. La pretensión es que este intercambio con los organismos, podrían producir una clausura de todas las historias personales (de ahí tal vez el título "El fin de los principios"), pero el Estado parece ser incapaz de producir un cierre, no puede abarcar en un mismo conjunto estas "tragedias" individuales y desconectadas. El rompecabezas no puede armarse, desde esa instancia por lo menos. De ahí la crítica que el cineasta lanza. A veces las enuncia hacia aquellos que trabajan en estos organismos, a veces en sus diálogos con su hermano menor (quien en general tiene a su cargo el registro de las imágenes desde el presente que se enuncia). Cuando Prividera entiende que el Estado colabora en esa situación de orfandad -que en el caso de los hijos de desaparecidos se vive como una potenciación de la literal- esa primera parte del film da lugar a la segunda, "Los restos de la historia".
Entonces Prividera ya no sospecha sobre la imposibilidad de armar un conjunto, ahora tiene esa certeza. Y con ella, le queda urgir en los restos. Una investigación ya no detectivesca sino más similar a una arqueológica, puesto que, más que pruebas, encuentra fósiles.
Ahora bien, aquí se suceden diversos testimonios de quienes conocieron a Marta Sierra. Distintos caminos que no construyen una respuesta a las causas de la desaparición de la madre. Y aquí se presenta un rasgo que separa fuertemente a M de un film como Los rubios. Mientras que Carri hace uso del testimonio para demostrar su inutilidad, como vía para la construcción de la memoria, Prividera lo utiliza para dar cuenta de discursos sociales solapados que se "escapan" del habla de los entrevistados. Algunos de los testimoniantes parecen ser hablados por alguna instancia oscura que, aún, parece hacernos compañía. Una vez más, aunque desde una perspectiva diferente, el film denuncia y, al hacerlo, involucra o invoca una memoria colectiva que debe ser activada. Por ello -a diferencia del gesto de Carri, cuyo mérito fue transformar el film en un acto cinematográfico y desde ahí en un discurso político- Prividera no desestima la diversidad en las opiniones porque le permiten construir un discurso que de cuenta de las contradicciones históricas y sociales que emanan de cada uno de esos fósiles con los que se va topando. Para Los rubios el testimonio es inútil como método para acceder a un pasado, es decir para construir una memoria de la ausencia. Para M el testimonio es útil en la medida en que el pasado no deja de aparecer y repetirse en los relatos orales. Es útil porque, entre otras cosas, la palabra puede traicionar a quien la emite. Esta traición es la metáfora más clara de una escisión social vigente a la que el film apela permanentemente.
Evidentemente lo que sí comparte con Los rubios es la incredulidad respecto de la entereza de los testimonios del pasado que pueden aportar los entrevistados. El pasado no puede volver sin más, necesita un rodeo y por tanto, emerge en lo impensable. Por ello hace falta mucho más que poner la oreja y la cámara para hacerlo hablar. Resulta, en este sentido, muy llamativo la conciencia y la madurez de Prividera quien da cuenta de la existencia de este rodeo muy claramente. Esta es otra certeza del film.
No es de extrañar, dicho lo anterior, el uso permanente de carteles o insertos -muchas veces fragmentos de testimonios que se exhiben en otro contexto, el de la imagen-. Aquí se produce, por un lado, un atentado contra la tradicional linealidad temporal que plantean muchos documentales, y por otro, la construcción de un discurso en donde el presente, como instancia de enunciación, resulta vital. En este sentido también parece ir a contracorriente de gran parte de los documentales de los '90, encapsulados en un sentimentalismo nostálgico. El tiempo de M es el presente. Tal vez por ello el director elige, hacia el final, convocar a los compañeros militantes de su madre, quienes entablan un intercambio de ideas políticas pero desde la coyuntura actual.
Finalmente M le habla al espectador, como si este formato hubiera eclosionado finalmente, logrando desplazar un tanto más allá las fronteras entre individuos o entre la imagen y el espectador. Hay algo que ya no puede retroceder después de M porque es un film que sí porta una promesa ética -que no es la aludida al comienzo-. Esas historias de familias fracturadas que nos visitan hace quince años en el cine no es ni más ni menos que nuestra fractura social. Finalmente el destino de "los hijos de…" no es exactamente el que uno pensaría desde un mandato filial, y ese "yo" que enuncia en estos documentales estaba en realidad destinado a ser un "nosotros".



Silvina Rival


Comentarios:
Mariel (E-Mail: mariel@hotmail.com )
- 2007-08-31 23:21:54
Muy buena la nota, me parece que esta vez si que se esmeraron. Y los felicito por el nuevo diseño. Saludos. Mariel

Nicolás - 2007-09-01 22:20:09
Los directores también deberían poder calificar las notas :) Las buenas se agradecen (y no digo \"buenas\" por la calificacion que tenga la pelicula, sino por la inteligencia con que estan argumentadas). Y la tuya, Silvina (no he tenido el gusto de leerte antes), es una de las mejores (si no la mejor) que he leido sobre la peli (y no solo en la prensa gráfica, sino en trabajos mas enjundiosos y academicos). Te imagino estudiante de Filo (yo tambien he fatigado, sin suerte, esos pasillos...), porque esa prosa excede las habituales limitaciones de la critica cinematográfica... Saludos. Nicolás

Sofía (E-Mail: sofichau@gmail.com )
- 2007-09-07 20:15:50
La verdad no tenía ganas de ver otra película más sobre el tema de hijos de desaparecidos, pero luego de leer su nota me dieron ganas. La fui a ver con mis viejos y nos gusto. Gracias.

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