Donde viven los monstruos

Where the Wild Things Are. Estados Unidos. 2009 Director: Spike Jonze. Intérpretes: Max Records, Catherine Keener, Pepita Emmerichs, Mark Ruffalo, James Gandolfini, Catherine O’Hara, Paul Dano, Forest Whitaker. Guión: Spike Jonze y Dave Eggers. Duración: 101 minutos. Sello editor: AVH

¿Cómo adaptar al cine un libro de treinta y pico de páginas de las cuales la mayoría son ilustraciones y una historia pequeña contada en unas veinte frases? Hay una respuesta conocida que es “respetando el espíritu”. Y aunque suene a terrible cliché, eso es lo que hace Spike Jonze, quién toma la pequeña historia del libro de Maurice Sendak y la amplía, toma la estética de las  ilustraciones (realizadas por el mismo Sendak) y la hace suya integrándola al universo personal que lo convirtió en uno de los directores más originales del nuevo cine norteamericano.

 

Max es un chico con demasiada energía y necesidad de atención, frustrado porque su hermana mayor prefiere –lógicamente- estar con chicos de su edad y su madre quiere atender y besuquear a su novio. Max hace estallar toda la furia de su niñez indómita para convertirse a los ojos de su madre en una cosa salvaje (Wild Thing, de ahí el título original) y escapar después de un berrinche a un viaje mágico (y a la vez de lo más natural) en un bote de vela a través del mar hasta un lugar que podría estar en una isla perdida pero seguro está en su imaginación, tan frondosa como el bosque donde viven los adorables monstruos que lo reciben y lo hacen su rey sin demasiados tramites.  Mejor que con cualquier “angry management”, Max enfrenta su ira y frustración yéndose de viaje al centro de su mente a encontrarse con los que son sus monstruos, tan salvajes, caprichosos o temerosos como él mismo.

 

Jonze crea un mundo acogedor, de tonos cálidos, con mucho pelo, mucha madera y muchos vericuetos donde refugiarse y esconderse, que es a la vez escenario emocional, habitado por enormes monstruos de peluche (tipos disfrazados y no criaturas digitales) tan neuróticos como un niño puede serlo. Se trata, sí, de un film para niños y algo más, donde tras la superficie de una historia simple hay otras capas que hablan de la niñez como un lugar de conflicto, de rabia y soledad, y también de ternura, felicidad y euforia.

 

Ricardo Ottone

29/08/10


Capitalismo: una historia de amor

Capitalism: A Love Story. Estados Unidos. 2009. Director: Michael Moore. Guión: Michael Moore. Duración: 127 minutos. Sello Editor: AVH

Michael Moore vuelve a tomar temas, lugares y personajes de su primera película: la codicia y la depredación del capitalismo; Flint, su pueblo natal; su padre. Y también vuelve a aparecer (o a escabullirse) Roger Smith, gerente de General Motors, el Roger de aquel Roger and Me. La excusa la da esta vez la última crisis del capitalismo en Estados Unidos y el cuestionable salvataje de los bancos por parte del estado norteamericano, para revisar los postulados, los mitos y las verdaderas consecuencias del sistema que gobierna al mundo (y a sus gobiernos). Para ello Moore apela a toda su artillería de recursos, la que le valió la admiración de algunos y el odio de otros.

 

Moore hace certeras críticas al capitalismo pero no es un socialista, aunque juguetee (e ironice) con la idea. El término que antepone a capitalismo es democracia y su ideal y su nostalgia está en el New Deal, el Estado de Bienestar de Roosevelt, y eso lo deja muy en claro, identificando el quiebre de esa política con los gobiernos que vinieron desde Reagan a esta parte, guardándose para sí una cierta esperanza con la llegada de Obama.

 

Se ha tildado a Moore de manipulador, de políticamente ingenuo, de simplista o de sensacionalista: y algunas de esas criticas pueden ser correctas (aunque el odio visceral de cierto sector de la crítica está bastante pasado de rosca) pero se advierte que el realizador es honesto y cree en lo que dice, y echa a mano a múltiples recursos porque el suyo es un cine militante que no quiere solo mostrar sino convencer y transformar.

 

Algunos momentos poco afilados pueden apelar al recurso del notero pistola de TV, como cuando aborda en la calle a miembros de Wall Street o quiere colarse en un edificio corporativo, pero hay otros que son muy efectivos, como la entrevista a un rematador buitre o el seguimiento de casos de personas que pierden sus casas en estafas perpetradas por los banco. Son esos momentos, cuando Moore está con puntería y da ciertamente en el blanco, los que justifican sus films

 

Ricardo Ottone

22/07/10


Defendor: un héroe sin igual

Defendor. Estados Unidos. 2009. Director: Peter Stebbings. Intérpretes: Woody Harrelson, Elias Koteas, Michael Kelly, Sandra Oh, Kat Dennings. Guión: Peter Stebbings. Duración: 101 minutos. Sello Editor: Blu Shine.

Es bastante frecuente que cada tanto salgan al mismo tiempo dos películas de tema similar, y es también frecuente que una se lleve la atención y la otra quede relegada. En esa repartija a Kick-Ass le tocó la Primera A del estreno en las principales salas y a Defendor el premio consuelo de el estreno limitado en Estados Unidos y el directo a  DVD en otros rincones del mundo, incluido este. Y no es realmente justo, porque Defendor tiene elementos suficientes para destacarse por propio derecho antes que por ser percibida como la versión clase B de un éxito mayor. Y es que si hay semejanzas en la propuesta (tipo común sin poderes ni habilidades con ansias poco realistas de convertirse en un superhéroe en el mundo real), hay una diferencia fundamental y es la apuesta más clara de Defendor por el realismo.

Arthur Poppington (Woody Harrelson), el alter-ego de Defendor, no es un pibe común sino un adulto con problemas, al que su jefe y amigo define para protegerlo como “un buen tipo aunque un poco lerdo” y al que la psiquiatra que le hace una evaluación le diagnostica una colección de cuadros psicopatológicos. Arthur perdió a su madre cuando era chico, fue criado por su abuelo y, ya de grande, trabaja en al calle como empleado de vialidad, pero él sabe con certeza monolítica que su destino es ser un superhéroe, uno  que se lanzará a las calles con más entusiasmo que preparación.

 

Se trata de la vieja historia del Quijote en su mejor sentido (el del héroe romántico, arrojado y desinteresado) y en el peor también (el tipo que ve la realidad según lo que su mente quiere ver). Así, mientras Woody Harrelson oscila entre la simpatía que su personaje despierta y la distancia que imponen sus razonamientos fuera de todo sentido común, el director y guionista Peter Stebbings concede algunos momentos de comedia, pero no cede a la tentación de romantizar, manteniendo el realismo sucio hasta las últimas consecuencias.


Ricardo Ottone

01/07/10


        

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